Hay mujeres que despiertan antes que salga el sol, que preparan la tierra, siembran semillas, cuidan sus cosechas y alimentan a sus familias y comunidades. Mujeres que conocen el valor de la lluvia, la paciencia de la tierra y la esperanza que nace de cada semilla. Ellas sostienen la vida, preservan nuestros saberes ancestrales y protegen el territorio que heredarán las futuras generaciones.
Pero muchas de estas mujeres también enfrentan caminos largos para acceder a la salud, la educación, la justicia y las oportunidades que merecen. Y, aun cuando los servicios no llegan, cuando sus voces no son escuchadas o cuando la violencia intenta arrebatarles la tranquilidad, siguen luchando, organizándose y abriendo caminos para que otras mujeres no tengan que recorrerlos solas.
Son agricultoras, comuneras, lideresas y defensoras de sus derechos. Son también las Orientadoras Judiciales y tantas otras mujeres que, desde el voluntariado y sus propios espacios comunitarios, acompañan, orientan y alzan la voz frente a la violencia y la injusticia, muchas veces sin esperar nada a cambio.
Desde la Asociación Kallpa, reafirmamos nuestro compromiso de caminar junto a las mujeres rurales, fortaleciendo sus capacidades, acercando la justicia a sus comunidades y contribuyendo a que vivan libres de violencia, con derechos, oportunidades y autonomía para decidir sobre sus vidas.
Porque las mujeres que cuidan la tierra merecen una vida en la que también se sientan cuidadas; las que siembran alimentos merecen oportunidades para cosechar sus sueños, y las que defienden los derechos de otras merecen vivir con todos sus derechos respetados.
Hoy conmemoramos su fuerza, honramos sus luchas y reconocemos su invaluable aporte a nuestras comunidades. Que nunca más la distancia sea una barrera para sus derechos, ni el silencio una respuesta frente a la violencia.
¡Por las mujeres rurales, por su dignidad, por su derecho a vivir sin miedo y por todas las semillas de igualdad que, día a día, hacen florecer!